La mayor opción en variedades y la ventajosa cotización entre el peso argentino y el guaraní, hacen que se produzca una invasión de compradores a las ciudades fronterizas de Nanawa y Clorinda. Arriban a diario, en especial sábados y feriados en lanchas, colectivos y en vehículos propios. Adquieren todo tipo de productos, alimentos de consumo familiar y combustibles. Los clientes argentinos consiguen de Nanawa, artículos electrónicos e informáticos. El intenso intercambio comercial crea la única fuente laboral del 80% de los pobladores de Nanawa.Hace más de un siglo que, gente viene y gente va en este sector de la frontera. A partir de las cuatro de la mañana comienza el transito diario en Puerta Elsa y Clorinda, por el puente habilitado sobre el rio Pilcomayo. El madrugar entre vecinos es una tradición. Todos salen de sus hogares bien temprano rumbo a la “Pasarela de la Hermandad”, corazón de todo el movimiento laboral. Ya están listos los caballos atados a los carros, colectiveros y lancheros calientan motores. Los comerciantes empiezan a desempolvar y a exhibir sus artículos, los puestos de combustibles ya se colocan en las veredas. Acapara el ambiente ricos aromas tradicionales a frituras de tortillas, milanesas, empanadas, entre otras delicias. Los paseros están a la expectativa de los compradores a quienes prestarán sus servicios. Se les ve disfrutando un buen desayuno. A las cinco de la mañana arrancó la carrera, con prisa los paseros se aproximan gritando hacia los colectivos colmados de gente que empezaron a arribar desde Asunción. “Pasero patrón, patrona, que les traemos de Clorinda”. Blas García, uno de los colectiveros comenta, luego de contar la recaudación del pasaje a 5000 Gs. por persona. “Traslade 68 pasajeros; 36 sentados y 32 parados. Alguien le pregunta, si el resto de los colectivos recaudaban lo mismo que él. García, respondió, “en mi caso y algunos más, es la cantidad máxima de gente que se puede trasportar. Otros traen menos porque los buses son de menor tamaño. Pero de regreso a la capital, solo viajan 36 personas y el resto del espacio es ocupados por sus mercaderías”.
Miguel Sánchez, presidente de la Cooperativa de Trasportes y Servicios Puertoelseño Ko Che, manifestó que, “a diario 70 colectivos realizan el servicio de Asunción a Puerto Elsa. El itinerario de transito, ida y vuelta es por la Avda. Gaspar Rodríguez de Francia (Mercado 4), Avda. Perú, Avda. Artigas, Ruta Transchaco, Calle Tres”. Clotilde Cabañas, cuenta que hace 30 años, lleva productos de Clorinda para vender. “Antes no existía el colectivo para llegar hasta Puerto Elsa, porque no había camino tierra ni este puente (30 de julio y calle tres). Nos trasladábamos en lancha desde Sajonia o Playa Montevideo.
Salí de casa a las dos y media de la madrugada. Por fin, llegamos. Viaje parada todo el camino, no siento mis pies”. Eran las cinco y cuarto. A pesar de haber viajado dos horas parada y con el bus repleto de pasajeros, a doña Clotilde nada le detuvo para llegar hasta Clorinda a realizar sus compras. Mucho menos después de que días atrás, aduaneros (DETAVE), le confiscaran todas sus mercaderías. “El doble voy a llevar hoy, don Maniquí, porque hay buena guardia en la aduana ahora, asique voy a aprovechar y recuperar mi perdida del otro día”. Le decía a su pasero de confianza.
En doña Clotilde se refleja los cuantiosos problemas y obstáculos que atraviesa la gente más humilde, haciendo un tremendo sacrifico para llegar hasta la frontera, muy en el fondo sin malas intenciones cometen el delito de contrabando, todo por querer llevar el pan y el bienestar al hogar. A veces, terminan quedándose sin nada cuando son decomisados sus productos. Muchos de ellos ya no vuelven por temor a más pérdidas, algunos perseveran y continúan al todo o nada llevando mercancías de contrabando como doña Clotilde.
Antonio González, más conocido como Maniquí, es uno de los paseros más antiguos de la ciudad. Nació en Puerto Elsa y creció siendo pasero al igual como lo fueron sus padres. “A la mayoría de los que nacimos y vivimos aquí, nos criaron gracias a este trabajo. Es la única forma de sobrevivir acá”. Casado con cinco hijos, de los cuales cuatro son varones y trabajan con él. El mayor de ellos, con el traslado de mercaderías puede pagar sus estudios universitarios y este año se recibe de Abogado. Don maniquí, con la antigüedad y la humildad que lo caracteriza, se ganó la plena confianza de bastantes patrones que le dejan a cargo todas las operaciones para el paso de mercaderías. Este, a su vez, les da trabajo a los demás paseros por la demanda que requiere la cantidad de mercancía a trasladar. Algunos lo hacen de manera independiente, otros crean una especie de mini sociedad. “Todos juntos acarreamos las mercaderías de diferentes compradores. Al mediodía nos repartimos lo recaudado”.
En los alrededores de la Pasarella existen centenares de casillas donde trabajan especialmente las mujeres, preparando minutas a toda hora. Mercedes fretes, es una de ellas. Antes de dedicarse de lleno a la cocina, fue también pasera y por cuestiones de salud lo dejó. Es bien conocida en la zona por sus exquisitas empanadas de mandioca, croquetas, villarroel de huevo y milanesas de pollos y carnes. Cuenta doña Mercedes, que la venta de sus productos y todo el movimiento dependen exclusivamente de las transacciones que realizan los contrabandistas. “Hay mucha venta cuando los controles no son tan estrictos en la aduana y se puede coimear. Cuando es así el tema, los contrabandistas llegan como ahora repletos en cada colectivo y podemos vender bien. A las diez de la mañana ya vendo todo mi producto. Pero si es al revés y no vienen por temor a que se les saque las mercaderías, no vendemos casi nada. De esta gente dependemos todos acá. Nuestros clientes son los paseros, carreros, comerciantes, colectiveros y hasta los mismos contrabandistas. ¡Verdad don Ignacio!”, le decía a uno de los carreros que se encontraba desayunando en su casilla.
“Sí, es verdad. Gracias a los contrabandistas estamos todavía dándole de comer a nuestras familias. Pero de todos modos, está fea la situación en comparación con épocas anteriores. Antes se trabajaba mejor. Todo circulaba vía fluvial. La marina era entonces una especie de aduanas. No te quitaban las mercancías porque te cobraban por cada artículo. Lo trasladábamos hasta la parada de la lancha. Allí los estibadores lo alzaban en las minis embarcaciones y estos se encargaban de llevarlos hasta Asunción, sin más trámites y ningún problema los productos llegaban a destino”, declaraba el carrero Ignacio Giménez.
Por otra parte, Aurelio Ferreira, es un antiguo lanchero que sigue trabajando en su flota El Suspiro. A pesar de la construcción del puente 30 de Julio, sobre el Rio Negro en 1998, y que permitió el ingreso a Puerto Elsa vía terrestre, el señor Aurelio Ferreira, fue uno de los pocos que se resistió al progreso. La mayoría de quienes eran sus compañeros en la Asociación de Lancheros, se actualizaron al sistema de trabajo en la ciudad y junto a otros ciudadanos formaron lo que hoy se conoce como la Cooperativa de Transportes Puerto Elseño ko che y obtuvieron sus propios colectivos. El paulatino desarrollo que experimento Puerto Elsa, hasta el cambio de nombre a la isla por la de Distrito de Nanawa, causó que cientos de personas se desprendieran de sus embarcaciones obligándoles a dedicarse a otras actividades más rentables. “Yo sigo trabajando, aunque menos que antes. Hasta la actualidad mucha gente sigue viajando por agua. En especial los que son del centro mismo de Asunción, ya que les queda más cerca por lancha. En colectivo se tarda dos horas y por lancha solo veinte minutos”, decía Aurelio Ferreira. Otro negocio que se realiza con total normalidad es la venta de combustibles. En Nanawa ex Puerto Elsa, se puede conseguir gasoil o nafta, mas barato, en cualquiera de estos mini surtidores. Hay decenas de de puestos clandestinos en plena ruta. Todas las personas dedicadas a esta práctica son humildes, familias enteras que dependen exclusivamente de la venta del producto.
Por otro lado, los clientes argentinos tienen mayor preferencia por los artículos electrónicos, informáticos y celulares importadas de Ciudad del Este, que se consiguen a menor precio en Puerto Elsa. Para introducirlo del lado argentino, el pasero del comprador debe hacerlo de manera ilegal. Tiene a su favor 15 kilometros de ribera custodiados por efectivos de la Gendarmería, que coimean con los paseros y dejan ingresar tranquilamente los artículos en bote. Pasaban las horas y se podía observar una fila incesante de gente sobre el puente que traían desde el vecino país todo tipo de mercancías, muchas de las cuales se comercializan en el Mercado 4, Mercado de Abasto y otros lugares. En torno al contrabando giran todas las actividades en la zona y las labores primordiales son desarrolladas por paseros, carreros, camioneros, colectiveros, vendedores y comerciantes de las que dependen el 80% de la población de Nanawa. Este delito crea una cadena de favores y beneficios gracias a los llamados patrones o contrabandistas hormigas, generadores de la única fuente de trabajo en toda la zona fronteriza.